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Kristina Lenc

La historia de Kristina Lenc, es decir la historia de su padre, sigue siendo envuelta en el velo de memorias y preguntas sin respuesta 75 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién? ¿Por qué? ¿Dónde? Gran deseo de Kristina es que el nombre de su padre, que por siempre está inculcado en su corazón, sea escrito también en un monumento o lápida funeraria. Así estaría incluido en la memoria pública en una manera conforme la memoria y la dignidad humana.

El camino de Kristina inició el 29 diciembre de 1945 al venir al mundo en Studenci pri Mariboru. Su mamá Magdalena nació en 1907. Kristina no llegó a conocer a su padre, porque ella nació después de su muerte. En 1996 Kristina empezó a buscar sus rastros conforme la indicación de asistente social.

Su padre Vladislaw Zombek era de origen polaca y fue cautivado en Rusia con otros 38 polacos y polacas. Estaban informados de que iban a fusilarlos en Rusia. Por eso se tomaron unas fotos y esperaban que sus familias las recibieran. Pero las cosas cambiaron y ellos se mantuvieron con vida. De ahí los mudaron a Maribor, al campo de concentración en Melje. Ahí como trabajadores forzosos tuvieron que ir a trabajar en la fábrica de automóviles, donde trabajaba también la madre de Kristina. A los polacos del campo de concentración Melje luego los mudaron a Studenci, a lo que hoy es la escuela Janko Padežnik y los alojaron en sótano. De ahí iban a trabajar en la fábrica de vehículos ferroviarios. Su camino iba al lado de la casa de la madre de Kristina. Tenían hambre y su ropa era toda rota. Por eso pidieron a las lugareñas que se encargaran de ellos. Así fue como el padre conoció a la madre de Kristina y poco a poco nació el amor. El padre se quedó en la casa de mamá desde el septiembre de 1944 hasta el mayo de 1945. En este período mamá se quedó embarazada. Era feliz. En vísperas de la final de la Segunda Guerra Mundial varias veces visitó a los partisanos que se reunían en una cercana granja de Hauptman. Ahí pasó un tiempo con el padre. A cambio de comida, mamá trajo las tarjetas para los cigarrillos a los partisanos, y el papá tuvo que darles el reloj. Cerca estaban alojados los alemanes. El padre iba al campo de concentración en la escuela sólo de vez en cuando, en general estaba en la casa de mamá. En la noche entre 8 y 9 de mayo no volvió del campo de concentración. El único que esa noche no se fue al campo de concentración era el polaco Jure y consecuentemente sobrevivió. Según lo que Kristina llegó a saber, a los demás prisioneros los metieron en un camión, los trasladaron a Radvanje, los golpearon bestialmente y los mataron.

La señora Kristina durante mucho tiempo buscaba el lugar de ejecución donde se suponía que yacían los restos mortales de su padre. Descubrió que en Radvanje hay 18 espacios en los que supuestamente estaban los restos de los polacos asesinados. Ahora ahí cada año enciende las velas y deja las flores.

Después de la muerte de Vladislaw, mamá se ganaba la vida como costurera en la fábrica de textil y cuidaba a la hija. Entre tanto tuvo que presentarse varias veces en Rajhenburg. Luego volvió a casarse, así que Kristina tuvo un padrastro. A pesar de la modestia, la familia vivía una vida decente.

Kristina incansablemente buscaba las pistas de su padre durante varios decenios. Quiere agradecerle por el regalo de la vida con un monumento modesto en el que quedará escrito su nombre.


Grabado: noviembre de 2019, Študijski center za narodno spravo (Centro de Estudios para la Reconciliación Nacional), Liubliana (Eslovenia)

Entrevista realizada por: Marta Keršič, cámara: Mirjam Dujo Jurjevčič

Preparación para la publicación: Marta Keršič y Mirjam Dujo Jurjevčič