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Helena Arnež Gaser y Pavla Arnež Hauptman

Las hermanas Helena y Pavla Arnež nacieron 15 de octubre de 1931 en Jesenice. Apenas cumplieron trece años cuando tuvieron que abandonar su hogar. En su familia nacieron cinco hijos: la hermana mayor Marija, los hermanos Peter y Tone, y las gemelas Helena y Pavla. Un hermano murió ya al nacer. Cuando la guerra inició, Helena y Pavla cumplieron diez años.

Al padre le amenazaron de muerte varias veces. Lo dispararon el 23 de marzo de 1944 cuando regresaba de trabajo. Mamá vio desde la pastelería en la que trabajaba que alguien de Jesenice estaba esperando al padre en la emboscada y lo disparó. Marija, la hija mayor corrió a ayudar a su padre herido. Tirador le amenazaba también a ella que iba a dispararla, pero se le acabó la munición. Al padre lo llevaron a casa y ahí murió.

En su casa tenían una pastelería a la que los partisanos ocuparon. Solían llegar por la noche y demandar el pan. Mamá no tenía otra opción que entregarlo. Cuando los partisanos ocuparon Alta Carniola, los Arnež sabían que tenían que retirarse. Tenían un amigo, sacerdote Fortunato Zorman. Era como mensajero y los domingos celebraba la santa misa. Les aconsejaba que lo mejor era retirarse cuanto antes, por lo cual decidieron abandonar su hogar. Primero se fueron a Smlednik, donde estuvo un puesto de vigilancia de la Guardia Nacional y sentían que ahí estaban a salvo por un tiempo, y de ahí luego huyeron a Carintia.

A Carintia llegaron el 1 de mayo de 1945, cuando otros refugiados aún no estaban ahí. En el camino estaban acompañados por el sacerdote. Se alojaron en una granja donde encontraron empleo. Luego se reunieron con los refugiados en Vetrinjsko polje / campo de Viktring. El hermano menor se quedó en la casa de tío en Liubliana y se reunió con ellos más tarde. Al hermano mayor Peter lo movilizaron en el ejército alemán. A finales de la guerra fue asesinado en un ataque de aviación y enterrado en Bélgica.

Mamá se quedó en casa. Partisanos atracaron la casa y se llevaron todo de la tienda. La encerraron en la cárcel en Begunje, en el que permaneció un año y vivió tiempos duros. Cuando la liberaron, se buscaba un trabajo para ganarse la vida, pero como al padre lo dispararon, ella quedó «marcada» y nadie quiso darle un empleo. Vivía con su madre que le ayudaba para sobrevivir. Le aconsejaba que se vaya al extranjero con sus hijos, pero como no quiso dejar a su madre sola, se fue a América apenas después de su muerte. Al final, un pastelero esloveno le dio un empleo, lo que le facilitó la supervivencia y mamá lo apreciaba con el agradecimiento sincero. Al jubilarse, se fue a Clevelend para vivir con su hermana.

Al llegar a América, las hermanas Helena y Pavla encontraron un empleo en el hospital, donde ayudaban a servir comida. Más tarde trabajaban en una fábrica. Todo el tiempo por medio de las cartas mantenían el contacto con los compañeros del campo de refugiados con los que pasaron cuatro años. Se mudaron de Milwaukee a Cleveland, en la que había una gran comunidad eslovena. Las atrajo la compañía de los jóvenes y rica vida cultural, por lo cual se integraron en la comunidad rápidamente. Se casaron con eslovenos, que asimismo eran refugiados. Compartían la misma historia de la vida y solían hablar de esos tiempos. Llevaban muchas memorias bonitas justo de los acontecimientos del campo de refugiados, por más duro que era estar ahí.

Helena y Pavla apreciaban mucho que los EE. UU. les ofrecieron buenas condiciones de la vida y que ahí se respetaba gente industriosa y honesta. Los refugiados eslovenos muy pronto construyeron casas nuevas y se ayudaban entre sí. Ambas hermanas están felices y alegres que también sus hijos conservaron la satisfacción, conexión, amistad y el deseo de disfrutar de compañía.


Grabado: 14 de octubre de 2011, Cleveland (EE. UU.)

Entrevista realizada por: Marta Keršič, cámara Jelka Piškurić

Preparación para la publicación: Marta Keršič y Mirjam Dujo Jurjevčič