Contacto – info@scnr.si

Anuška Lekan

La historia de la antigua maestra que, con una voz firme, valentía y sinceridad cruza los límites de lo posible, nos lleva a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y los primeros decenios subsiguientes, cuando la expresión pública de convicción personal era indeseada e incluso peligrosa si no coincidía con las intenciones del nuevo régimen comunista.

Anuška Lekan nació en 1932 como la más joven entre los cuatro hijos. Sus padres procedían de familias obreras y artesanales. Ambos se educaron en escuela de comercio y con sus conocimientos y trabajo se encargaban del bienestar de la familia. En los primeros días de la Segunda Guerra Mundial el padre vivía en Maribor por las razones de trabajo. La familia asustada estuvo atenta de la ocupación alemana y el éxodo forzoso del pueblo esloveno. Los Lekan lograron obtener un piso en Liubliana ya en 1941 donde estaban a salvo. Si hubieran quedado en Maribor, los alemanes habrían encerrado al padre. A Jože, el hijo mayor, lo internaron en Gonars en 1942. Al regresar se alistó a la Guardia Nacional en Velike Lašče. La familia era conocida por su valentía, fe y fidelidad a su patria eslovena. Esa era una razón más por la que era probable que los gobernantes comunistas fueran a vengárselos. Al acabarse la guerra, en mayo de 1945 el padre se retiró con su hijo e hijas gemelas a Austria, a Carintia, mientras que mamá y Anuška se quedaron en casa. Al padre lo condenaron en ausencia, y Anuška y mamá fueron las que sintieron las consecuencias de eso. Muchos empezaron a evitarlas, perdieron a todos sus amigos, estuvieron bajo la vigilancia y observación constante, y en su piso se alojaron los miembros del Departamento de Protección del Pueblo (OZNA). Anuška nos contó: «Me sentí tan sola y sentía que de hecho el Dios era el único quien estaba a mi lado. Fue el único respaldo que me quedó. ¡Renunciaría a todo, pero a la fe no!»

A pesar de frecuentar en la iglesia y que a muchos le constaba que era oponente del comunismo, recibió la constancia del comité local para poder matricularse en magisterio. Durante la educación no dejaba de visitar la iglesia, las clases de catequesis y cantaba en el coro. Recuerda que en 1946 todavía tuvieron la catequesis en el magisterio y que el páter Roman Tominc impartía las clases. El magisterio duró cuatro años, pero al terminar los estudios, no recibió el decreto para que pudiera empezar a enseñar. Con el esfuerzo de unos contactos al fin logró que le otorgaran un empleo de maestra en la escuela de nivel medio (nižja gimnazija) en la casa parroquial Fara pri Kočevju. Ahí enseñaba esloveno, ruso, biología, canto y la educación física. Luego se empleó como maestra en Kočevje y educadora en una residencia de estudiantes. Anuška recuerda que los maestros con actitudes y valores similares se reconocieron y rápidamente conectaron entre sí. Algunos de ellos eran muy valientes. El régimen no pudo reprocharles nada, pero aun así tenían miedo cuando expresaron su actitud públicamente. Anuška llevaba una marca del pasado, pero estaba orgullosa de eso. Jamás ocultaba nada ante los demás.

Después de la guerra su padre estuvo con sus hijas e hijo en los campos de Špital y Lienz. El hijo tenía la intención de volver con los demás miembros de la Guardia Nacional, pero el padre lo impidió y lo salvó de una muerte inminente. Llegaron a América en 1950. Mamá se reunió con ellos cuatro años más tarde. Anuška llegó a América apenas en 1960. Aún no estaba completamente decidida si iba a quedarse definitivamente, por lo cual volvió a su patria por un tiempo. Pero en 1963 se mudó a América para siempre. Los refugiados de ahí no la aceptaron, porque en general sólo importaba si uno de verdad había llegado a vivir en un campo de concentración. Desconfiaban de Anuška también porque era maestra durante diez años y existía la posibilidad de que colaborara con el régimen. Pero más tarde la aceptaron y se sentía bien entre ellos. En el marzo de 1968 obtuvo un empleo en una oficina de contabilidad. Ahí trabajó treinta años. A finales de 1968 el padre murió. Se quedó sola con su mamá. Tenían una casa pequeña, un jardín bonito y vivían en paz. Mamá murió a los 101 años. Anuška se ocupaba de ella hasta el último día.


Grabado: 12 de octubre de 2011, Cleveland (EE. UU.)

Entrevista realizada por: Mateja Čoh Kladnik, cámara: Jelka Piškurić

Preparación para la publicación: Marta Keršič y Mirjam Dujo Jurjevčič