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Antonija Marolt, de nacimiento Prošnik

Antonija (Tončka) Prošnik, apellido de casada Marolt, nació el 16 de enero de 1926 en Horjul. Era la menor de los cinco hijos en familia. Cuando tenía nueve años murió su padre, así que mamá se quedó sola con los niños. Se ganaban la vida con agricultura y con lo que lograron cultivar solos. Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, Tončka cumplió dieciséis años. Los italianos le caían mal porque iban de una casa a otra, robaban gallinas y gatos, y sobre todo porque disparaban a los rehenes – jóvenes inocentes, los enviaban a la internación y quemaban las casas.

Según ella, fue Cene Logar quien en mayor medida «envenenó» la valle de Horjul con el comunismo. Fue él quien «corrompió» a la juventud – en Les na Koreni tuvieron la escuela política y las manifestaciones de los cuales luego surgió Osvobodilna fronta o Frente de Liberación. Los partisanos primero decían que su lucha era en contra del ocupante, y luego todo salió al revés. Infundían temor entre la gente. En 1942 y 1943 Tončka estuvo en Borovnica y ayudaba en la rectoría. El cura de ahí le dijo que en junio de 1942 en Horjul fueron asesinados el alcalde y su esposa. Luego fue cometido otro crimen grave, cuando los partisanos llevaron a siete personas de Zaklanec y los mataron no lejos de ahí. El hermano de Tončka también llegó a ser otra de las víctimas de la violencia revolucionaria en diciembre 1942. Primero estaba durante catorce días con los partisanos, pero cuando vio lo que hacían, huyó de ellos y se afilió a los guardias cívicos. Su muerte afectó mucho a la familia porque era encargado de ganarse el pan para la familia con su trabajo de carpintero. El hermano mayor se afilió a los Guardias Nacionales, en 1945 huyó a Carintia, pero los británicos lo regresaron de ahí a Eslovenia. Lo llevaron a Teharje y de ahí desapareció sin dejar huella, hasta hoy en día. Las dos hermanas de Tončka también abandonaron la patria por gran temor y se fueron al mundo. Se quedó sola con su mamá.

En mayo de 1945, mientras Tončka estaba trabajando en el campo, se le acercaron dos miembros de OZNA. Tuvo que irse con ellos hasta Vrhnika y de ahí caminando hasta Logatec donde fue alojada con aproximadamente treinta mujeres en un castillo. Los miembros de OZNA las interrogaban y golpeaban. El 7 de junio de 1945 las metieron en los camiones y las llevaron a campo de concentración Šentvid nad Ljubljano. Tončka, cinco mujeres más y muchos hombres fueron condenados a muerte. En un sótano esperaba que la llevaran, pero cuando en agosto de mismo año declararon la amnistía, fue absuelta de la condena de muerte y la llevaron al campo de concentración en Kočevje. Ahí tuvo que encargarse de trabajos agrícolas duros. Los alojaron en unas chozas y a veces se quedaron dormidos en el campo, porque trabajaban desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la tarde. La comida era muy mala, así que Tončka decaía obviamente. Pesaba tan sólo 28 kg, era agobiada, tenía muchas costras en el cuerpo y las vesículas en las piernas. Tenía también dolor de dientes. En febrero de 1946 a los prisioneros de Kočevje los llevaron a varios lugares. A Tončka la llevaron a Teharje. En mayo de 1946 la trasladaron a Begunje na Gorenjskem donde trabajaba en un taller de costura. A las mujeres las dividieron en grupos y tuvieron que cumplir con la norma. Producían ropa de trabajo para hombres. Cosían en las máquinas de coser alemanas – las máquinas Singer. No pudo escribir a su casa y raramente recibía envíos. Las prisioneras tuvieron también las conferencias políticas. Las prisioneras políticas fueron encerradas con las demás convictas y las delincuentes. Tončka regresó a casa en 1948.

Fotografía: Tončka en 1948, al regresar de la cárcel.

Tončka jamás recibió el documento de la acusación. Apenas después de la independización de Eslovenia se fue al Archivo de la Republica de Eslovenia y ahí recibieron la acusación por escrito en la que ponían sólo las mentiras. Le reprochaban que llevaba el correo a los Guardias Nacionales y traicionar a los partisanos, lo que no era verdad.

El marido de Tončka, Bernard Marolt de Korena también era condenado a muerte y luego permaneció cerrado casi seis años. La última vez estaba encerrado en Maribor. Regresó a casa en 1951. Se casaron pronto después de su regreso de la cárcel. Tuvieron un hijo y según Tončka fue todo un milagro, porque a las mujeres en las cárceles las envenenaban con lo que podían y luego tuvieron dificultades para concebir. A pesar de todas las dificultes, Tončka era muy valiente y tenía muchas ganas de vivir. Dice que rezaban mucho, pero silenciosamente, para que los guardias no las oyeran. Eso fue lo que los salvó. La fe les ayudó a sobrevivir. Ahora vive sin miedo y amargura, pero sin vacilar dice todo lo malo que le pasó y lo que sobrevivió.


Grabado: 17 de octubre de 2017, Horjul (Eslovenia)

Entrevista realizada por: Marta Keršič, cámara: Mirjam Dujo Jurjevčič

Preparación para la publicación: Marta Keršič y Mirjam Dujo Jurjevčič